David apedreado e injuriado por un partidario del rey Saúl.

Vemos en la lectura a un David desvalido, pleno de inseguridades, con un futuro incierto y en debilidad. (¿te ha pasado algo similar?)

Ya   no es rey, ha perdido su ejército, su palacio, su ciudad, sus amigos, sus bienes materiales, sus mujeres. Ha quedado vulnerable. Le pesa estar   bajo el manto de la crítica destructiva de algunos, de la experiencia del fracaso, de las incomprensiones y del hundimiento de todos sus proyectos. El gran rey David, huyendo por los montes de Israel. Su hijo Absalón le arrebató el trono y busca su muerte. Su propio hijo.

¿Qué tiene que ver esto con nuestras vidas? ¿Cómo encajamos esta historia en nuestro periplo vital? ¿Cómo ilumina esto nuestra experiencia de separados/as?

 1º- David, que tiene una luz inmensa en su corazón, no juzga al hombre que le increpa, que le insulta, que le arroja piedras. ¿Por qué? Porque sabe perfectamente que lo que le sucede no es un azar, no es casualidad. Entiende que Dios está detrás de lo que le está pasando. Él no hace juicio contra Semei. No le reprocha nada.  Aún no estaba el mensaje cristiano del perdón, de la misericordia, del “setenta veces siete” y pese a eso, David que tenía un corazón según Dios, no condena al hombre, no le hace juicio, se diría que hasta le perdona.

2º- David entiende que Dios le está aleccionando. Que ha cometido un grave error. Pero sabe perfectamente que Dios, que le prometió una gran descendencia, no le abandonará. Sabe que su pecado tiene sus consecuencias. Ve la mano de Dios en esto. Se puede pensar en un Dios castigador, en un Dios que está preparado para machacar al que se sale del camino trazado, pero desde la perspectiva de Jesús, esto no es así. Dios corrige como corrige un padre a su hijo. Si como padres aleccionamos a nuestros hijos, les corregimos para su bien, ¡Cuánto más lo hará nuestro Padre del Cielo!

– ¿Qué le queda a David ahora?

David, que ha visto los milagros que ha hecho Dios en su historia, le queda la memoria del alma.  Tiene que reavivar la llama del corazón sabiendo que Dios actuó con poder en su vida y que Dios es poderoso para volver a restaurar su condición anterior. Que lo eligió de entre todos sus hermanos siendo el menor, que le permitió vencer a Goliat, que le dio el trono y la victoria sobre sus enemigos, que le dio un palacio y vida de rey. Vive la elección que Dios ha hecho sobre él.

En definitiva, le deja la justicia a Dios. No protesta. No se queja. Sabe perfectamente en manos de quien se ha puesto. Por eso permite que ese hombre proteste  y le arroje piedras.  Porque su debilidad le hace experimentar la fortaleza de Dios. David no dice:¿Por qué a mí Señor? ¿Por qué tanto sufrir Señor? ¿Por qué permites esto Señor?  Entiende que la justicia humana que quiere hacer su subalterno, iría en contra de los designios de Dios.

4º- Guardando las diferencias, a veces debemos tomar ejemplo y meditar sobre como Dios nos habla a través de estos pasajes bíblicos. Porque Dios nos envía un mensaje a cada uno en particular según la situación que estamos viviendo.  

Para quienes hemos experimentado el dolor en la separación, tenemos que dejar claro que no se trata de un castigo. Él te ha dejado libre para que dejes a esa persona y, si es el caso, le ha dejado libre para que te deje a ti. El no nos priva de esa libertad por mucho que tu matrimonio haya sido por la Iglesia. No obstante, esta triste situación, Él nos permite experimentar su consuelo y compañía en el dolor.

En el caso de las separaciones matrimoniales y de parejas podemos entrever que, como   David, siendo soberano y poderoso, son muchas las veces en que nosotros nos hemos sentido dueños de nuestros destinos sin considerar a Dios. Seguros de estar con nuestras parejas para toda la vida. Con un hogar estructurado, hijos, familia, etc.  Hemos construido nuestra vida sobre unos pilares que muchas veces empiezan a agrietarse para luego caer del todo. En principio nos sentimos favorecidos con el cariño, el aprecio, el respeto y el amor de una persona que está a nuestro lado. Pero como todo en la vida es cambio, unas veces para bien y otras para mal, pasa que por desgracia nos encontramos frente a una desestabilización absoluta y nos quedamos solos, no sabemos qué hacer con nosotros mismos, con nuestros hijos e hijas, con nuestro patrimonio, en fin. La tormenta ha llegado y siempre llega cuando menos te lo esperas. Todo va cayendo de a poco o estrepitosamente. Da igual el cómo, la cosa es que cae. Y nosotros caemos juntamente con nuestros proyectos de vida. Vamos en caída libre hacia un abismo desconocido donde se juntan de la mano la soledad, el desconcierto, la falta de empatía de algunos, la crítica destructiva de otros, las incomprensiones, las enfermedades sobrevenidas y muchas cosas más. Nace el enfado, la ira, la impotencia, la falta de autoestima, la respuesta fácil, la queja constante. Todo esto es nada más que un ejemplo de lo muchas cosas que se podrían dar. Ya estamos iniciando el proceso del Duelo.

5º La protesta, el juicio y la condena.

                David se enfrenta al culmen de su historia de vida. Al gran cuestionamiento que nos hacemos o nos hemos hecho todos en algún momento de nuestras vidas:

Sabemos que Dios existe, pero… ¿está Dios aquí?

¿Está Dios en medio de mi angustia, de mi dolor, de mi soledad, de mi fracaso y mis culpas? ¿Está Dios en medio de mis tormentas?

¿Está Dios, o se ha olvidado de mí?

Si Dios no está en nuestros corazones, entonces es fácil que anide el rencor, la crítica destructiva, el inconformismo, la reacción negativa y hasta violenta.

 Y a ti, cuando te dicen algo, ¿Cómo reaccionas? ¿Te nace el juicio o la condena?

¿Y si es Dios quien te está invitando a mirar a esa persona con sus ojos de misericordia?  

La condena y el juicio nos alejan del camino de Dios. La misericordia nos pone en sintonía con el amor que Dios nos ha mostrado en Jesucristo. Dios nos perdona y nos invita a perdonar. A no enjuiciar ni condenar. El gran misterio es que Dios puede sacar agua de la roca, es decir, sacar frutos donde parecía que todo era desierto. Debemos reavivar esa memoria del alma y recordar todos los milagros que ha hecho Dios en nuestra vida. Dios nos ha mostrado su poder un sinnúmero de veces. ¿Vamos a dudar ahora?

Son muchos los testimonios que nos revelan que después de la separación, de ver la debilidad y la vulnerabilidad en que hemos quedado, (como le pasó a David) hemos acercado nuestras vidas al Señor.  Hemos madurado en la fe, hemos descubierto que no estamos solos, que hay una Iglesia que acoge y levanta al caído, lo lleva hasta la posada y cura sus heridas. Que lo que nos ha pasado nos permite descubrir cuán lejano estábamos del Padre y que nos devuelve la dignidad de hijos. Si esto que te ha pasado te permite encontrar un “para que” ,  un “para que” vivir , un “para que” continuar luchando cada día por tus objetivos , un para tomar las riendas de tu vida, un para  sentir la dignidad a la que has sido llamado, un para lograr superar situaciones ,  no solamente en el trasiego convulso y cotidiano, sino para ir en la paz del camino que nos ha trazado Jesucristo. Si esto es así, bendecimos a Dios porque cuando hemos sido débiles, entonces nos llega su misericordiosa fortaleza.

Bendiciones.